Volver Chat Noticias Regístrate HaiMail

 

 

Historia Armenia


Período precristiano.

La historia de Armenia se remonta al III milenio a.C.. Relaciones culturales, económicas, y políticas con los imperios y estados circundantes (sumerios, acadios, babilonios, asirios, hititas, etc.), hallaron su primer momento culminante con la formación del Reino de Urartú o Reino de Ararat, que entre los siglos IX y VI a.C. disputó a Asiria el predominio político en el Asia Anterior.

En este período se desarrolló el proceso de formación étnico del pueblo armenio, que culminaría en los albores de la era cristiana.

Después de la caída del reino de Urartú, se produjo el surgimiento de Armenia como formación política, tras un breve lapso independiente, bajo la dominación persa (550-331).

Con posterioridad a la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, el país pasó a ser un reino independiente. El imperio selyúcida, uno de los herederos de Alejandro, sometió brevemente a Armenia (210-190). Derrotados los selyúcidas por el naciente poderío de Roma, Armenia volvió a independizarse bajo la dinastía de los Artashesian (Artaxiadas).

Cien años después, Tigrán el Grande, nieto del fundador de la dinastía transformó a Armenia en un imperio, que se extendió desde el Cáucaso hasta Palestina y desde el norte de Irán hasta Capadocia. El proyecto político de Tigrán - integrar a Armenia y Siria en un solo Estado, que pudiera hacer frente a la amenaza conjunta de Roma y Partia- fue abortado por los romanos, que lo derrotaron y obligaron a devolver sus conquistas. Sin embargo, Armenia perduró como reino independiente.


Cristianismo

En el año 301, bajo el reinado de Dertad III, el cristianismo fue declarado religión de Estado gracias a la labor de San Gregorio El Iluminador. De esta forma, Armenia fue el primer Estado en aceptar el cristianismo como religión oficial.

La conversión al cristianismo fue un acontecimiento trascendental. Convertidos en hermanos de religión de los emperadores romanos y bizantinos, acrecentaron sus esfuerzos por desligarse de los soberanos de Persia, lo cual trajo aparejada la ira de dicho imperio.

Estos hechos desataron las guerras por la independencia religiosa. En el año 451, se produjo la primer guerra de fe en defensa del cristianismo donde 60.000 armenios lucharon ferozmente contra el ejército persa, conformado por 200.000 soldados fuertemente armados con caballos y elefantes. El ejército armenio luchó heroicamente contra los persas, pero finalmente fue vencido.

Aunque Persia mantuvo la soberanía en los territorios armenios, el pueblo armenio conservó su religión.

Esta guerra es un episodio de heroísmo sin par, conocido en la historia armenia como la guerra de Vartanantz, por el nombre del general armenio Vartán Mamigonian, que la comandó.

En 406, Mesrob Mashdotz creó el alfabeto armenio para la traducción de la Santa Biblia y los libros sagrados. Esto dio comienzo al desarrollo de una literatura en idioma armenio, que junto a la difusión del Cristianismo afianzo la identidad nacional. El alfabeto contenía treinta y seis caracteres a las cuales, en épocas mas recientes, se les sumaron otras dos.

En 387 Armenia había sido dividida entre persas y bizantinos. A partir de 428, Armenia fue centro de interminables guerras entre griegos y persas, y luego entre griegos y árabes. Estos implantaron su dominación entre 640 y 885.

El país recuperó la independencia entre 885 y 1045. En 1045 cayó el último reino independiente de la Armenia histórica. Los armenios emigraron a Cilicia, en la costa del mar Mediterráneo, crearon un nuevo Estado y constituyeron allí uno de los reinos más importantes de la época en el ámbito político, comercial e intelectual, que perduró durante casi tres siglos (1080-1375) y fue un factor importante en las Cruzadas.

A partir del siglo XV, Armenia queda dividida entre Turquía y Persia. En el año 1828, los rusos liberan gran parte de Armenia del dominio persa, incluyendo la actual capital Erevan. Hasta la Primera Guerra Mundial, Armenia estuvo dividida entre Turquía y Rusia.


Pregenocidio

En 1826, el rey de Persia quiso conquistar Armenia y Georgia. El zar de Rusia confió a los generales armenios la organización de la resistencia a cambio de una Armenia independiente en caso de victoria.

Gracias a la ayuda de los armenios, los persas fueron vencidos, pero el zar, en lugar de una Armenia independiente, creó la pequeña provincia autónoma de Erevan.

Un año más tarde, el ejército ruso junto a los voluntarios armenios venció al ejercito otomano.

En 1878, los rusos avanzaron triunfalmente hasta los alrededores de Constantinopla y firmaron un tratado en San Stéfano, cuyo artículo 16 obligaba al gobierno otomano a considerar a sus súbditos armenios en igualdad de condiciones. Esto fue repetido en el Congreso de Berlín, en el artículo 61. Pero el gobierno otomano no mantuvo sus promesas y continuó oprimiendo al pueblo armenio. Viendo que la justicia no se realizaba con promesas, los armenios decidieron asegurarla ellos mismos, y los jóvenes se organizaron en partidos políticos mayoritariamente revolucionarios.

Entre 1894 y 1896, el sultán Abdul Hamid ordenó una serie de matanzas con la intención de suprimir supuestas tentativas de oposición de los armenios encabezados por los movimientos revolucionarios.

Ante la indiferencia de las grandes potencias mundiales, el salvajismo turco unido a los kurdos, asesinó a 300.000 armenios en Armenia occidental y Cilicia.

La juventud turca reaccionó contra las aberrantes masacres del sultán, formando un movimiento liberal llamado "Jóvenes Turcos" cuya finalidad era suprimir el poder autocrático del sultán, creando un nuevo orden basado en la igualdad, la libertad y la fraternidad. Para ello crearon el Comité "Unión y Progreso" al cual se aliaron los revolucionarios armenios, ya que estos les habían prometido toda la ayuda para la creación de un estado autónomo armenio dentro del régimen turco.

Pero este comité pronto degeneró en una dictadura y comenzaron nuevamente las matanzas, el fin era el Panturquismo, según el cual, todas las minorías del imperio otomano debían turquizarse, el verdadero programa de los turcos era "Turquía para los turcos".

En 1909, el gobierno turco llevó a cabo el primer experimento de exterminio masivo de armenios en Adaná, Cilicia. El experimento tuvo resultados alentadores, 30.000 armenios fueron exterminados y sus ciudades y aldeas completamente destruidas. El hecho demostraba que se podría llevar a cabo, sin mayores inconvenientes, el exterminio total del pueblo armenio.

El genocidio fue aplazado al estallar las guerras balcánicas en 1911. Como consecuencia de ésta, Turquía pierde territorio europeo lo cual genera su avidez por recuperar terreno hacia el este.

Durante la primera guerra mundial (1914-1919) Turquía aliada a Alemania contra Rusia, realimentaba la idea de reconstruir el gran Imperio Otomano.


El proceso de destrucción del pueblo armenio

Primera Guerra Mundial

"Estamos en guerra: jamás se nos presentara mejor oportunidad. Las intervenciones y las protestas de las grandes potencias serán olvidadas e intrascendentes ante el hecho consumado... si esta liquidación no llega a ser general y definitiva, desde el punto de vista práctico sólo nos ocasionará trastornos. Es necesario que la nación armenia sea desarraigada, que no quede en nuestro territorio un solo armenio. Esta vez el aniquilamiento de los armenios será total." 

El gobierno movilizó no solamente a los armenios sometidos al servicio militar obligatorio, sino que también incorporó a los que habiendo pasado la edad legal de instrucción militar, por ley habían sido exonerados del servicio mediante una tasa. 

No quedando ya soldados armenios en los frentes, se dedicó al resto del personal militar a construir caminos y trincheras, y después a conducirlos a diversos lugares y asesinarlos.

Los gobernadores locales, mientras tanto, hicieron estimaciones acerca de la cantidad de fusiles que tendrían los armenios en sus respectivas jurisdicciones. Sobre esa estimación, exigieron a la población armenia que entregara a las autoridades esa cantidad de armas.

Cuando no fue entregada, el gobierno tomó como rehenes a los notables que quedaban en la ciudad, los encarceló, los torturó y después tomó represalias contra la población; sabiendo que las matanzas de 1894 y 1896 y las de Adaná de 1909 fueron precedidas por medidas similares, los armenios no querían entregar las armas; pero la amenaza de un baño de sangre minó las resistencias populares y los convenció de no ofrecer al gobierno un pretexto para exponerlos a ese peligro. Se acordó, en general, entregar las armas bajo la garantía del gobierno de que no aprovecharía su indefensión. Los gobiernos locales formularon esa promesa y recibieron las armas. Inmediatamente los gobernadores las hicieron fotografiar siguiendo instrucciones del gobierno central y enviaron las fotografías a Constantinopla como prueba que los armenios estaban preparando una insurrección masiva.

De nada valió que los armenios hubieran colaborado con los Jóvenes Turcos a su advenimiento al poder; de nada valió la lealtad de los soldados armenios del ejército turco en todos los frentes de batalla, incluso contra sus hermanos de sangre que luchaban en el Cáucaso en las filas del ejército ruso. Para los turcos, la raza armenia constituía un elemento antisocial, de valor negativo y solo se la podría contrarrestar eliminándola. 

Bajo el pretexto de una supuesta rebelión armenia, el ministro del Interior, Talaat Pashá, arrestó a 600 intelectuales, comerciantes, profesionales y dirigentes, el 24 de abril de 1915 con el objeto de deportarlos y enviarlos a los desiertos de Siria y Mesopotamia.

La orden del gobierno central de Turquía fue la deportación total de los armenios, sin excepciones. Paulatinamente, primero los intelectuales y dirigentes, después los oficiales del ejército, más tarde los que restaban, la nación armenia quedó privada de su elemento masculino, sólo sobrevivían ancianos y niños de corta edad. 

Inmediatamente las fuerzas de seguridad invadieron las casas y desalojaron brutalmente a sus moradores.

De esta manera, las caravanas de deportados se integraban sólo de mujeres, niños y ancianos. Puestos en marcha, comenzó el calvario y la miseria, escoltados por la gendarmería turca. Al llegar a cada ciudad, los grupos fueron expuestos en la plaza pública, frente al edificio de la gobernación, para que los turcos del lugar seleccionaran a las mujeres, jovencitas y niños que les gustaran, autorizándose su rapto. Después de este ultraje, el remanente de la caravana de los esclavizados debía continuar su camino. Al llegar la noche, los gendarmes se entregaban a toda clase de vejámenes a costa de los niños y niñas armenios, cometidos ante los ojos de sus aterradas madres y sin posibilidad de defensa alguna, pues la resistencia equivalía a la muerte.

Entre estas mujeres las había en diversos grados de embarazo; la mayoría murió al sufrir hemorragias en el parto, que ocurrió en el camino, a la intemperie y sin ayuda de nadie; con ellas murieron sus hijos recién nacidos. 

El ocultamiento debía ser ante los extranjeros; pero los armenios debían ver morir a sus compatriotas en demostraciones públicas de la intención de matar y que la muerte no fuera de tal naturaleza que los sobrevivientes se sintieran excluidos o a salvo. Por el contrario, la tortura debía ser pública y si fuera posible, hecha ante los familiares de la víctima por vía de mutilaciones en vida, o enterrados vivos o seccionándoles órganos sexuales; las decapitaciones debían ser masivas y las víctimas debían formar fila esperando su turno; si la cantidad fuera muy grande, debía apilarse a las víctimas de a dos, a modo de poder darles muerte de un solo hachazo. 

La marcha fue, además, un tormento para los ojos, obligadas a ver la serie interminable de cadáveres abandonados a la intemperie, de aquellos que les precedieron y que sucumbieron por el cansancio; eran irreconocibles por su corrupción natural y por haber sido carcomidos por animales de carroña. Las caravanas se mezclaban con otras caravanas, el espectáculo era dantesco; miles de esqueletos y cadáveres en putrefacción, árboles cubiertos de cuerpos colgados por el cuello o por los pies, montículos formados por esqueletos amontonados. Ancianas armenias fueron arrojadas vivas en fosas previamente abiertas, por más que los turcos echaban tierra encima, esta se agrietaba y la acumulación formaba una especie de colina movediza a causa de los movimientos desesperantes de ahogo y asfixia de las víctimas aún con vida.

No limitándose a condenar a una muerte lenta a los desdichados exiliados, las autoridades centrales turcas ordenaron, en varios lugares, matanzas en gran escala. En julio de 1916, todos los exiliados dispersos a lo largo del Eufrates, fueron enviados a Deir-el-Zor, para ser allí exterminados por millares.

Extracto de: OHANIAN, Pascual "Turquía, Estado genocida. 1915-1923ó

Tomo 1 - Documentos, Akian, 1986.

La totalidad de la población armenia en el Imperio Otomano se estimaba en más de 2.000.000 de habitantes. De esa cantidad, 1.800.000 fueron asesinados o deportados.

Genocidio: Proveniente del griego "genos" (raza) y del sufijo latino "cidio" (matar).

Este término surge durante la Segunda Guerra Mundial, definido como "la aniquilación coordinada y planeada de un grupo nacional, religioso o racial, por una variedad de acciones llevadas a cabo y apuntando a los fundamentos esenciales que hacen a la supervivencia del grupo como grupo."

Definición de las Naciones Unidas: " Contraria a la moral y al espíritu de las Naciones Unidas, son una pérdida para la humanidad en la forma de contribuciones culturales, por lo tanto el castigo le concierne a la Humanidad. La Asamblea General considera al genocidio como un crimen bajo la ley internacional, que el mundo civilizado por lo tanto condena; los culpables, y sus cómplices - individuos privados, hombres del Estado- que han cometido crímenes en terreno político, religioso, racial o cualquier otro, son merecedores de castigo." 

Prerrequisitos

1) Desigualdad de poderes: No existe genocidio entre estados poderosos. El genocidio tiene como víctima a un pueblo pequeño, una comunidad minoritaria, desarmada. 

2) El poder económico: Las riquezas, el crecimiento y el desarrollo de los pueblos incitan la voracidad y la codicia del Estado totalitario, que atraviesa situaciones socioeconómicas críticas y difíciles.

3) El poder bélico: La desproporción del poder bélico, junto a las alianzas políticas de los perpetradores con los estados poderosos, juegan un rol muy importante frente a la desprotección de las minorías.

4) Factor sociedad: Los gobiernos totalitarios logran la movilización de los elementos que despiertan en la sociedad del Estado las fuerzas capaces de desatar la violencia, el odio y la furia homicida, que justifique las matanzas de los potenciales enemigos.

El nacionalismo exacerbado en una sociedad que no admite la diferencia, las vejaciones, persecuciones, la segregación son precondiciones que van minando las resistencias y la autoestima del grupo sindicado como víctima, en quienes se instala un sentimiento de resignada impotencia y fatalismo.

Conclusión

El genocidio de los armenios no fue consecuencia de una guerra turco-armenia; fue un genocidio organizado metódicamente y ejecutado eficazmente, decidido al más alto nivel gubernamental. Fue una medida de gobierno dispuesta desde Constantinopla y llevada a cabo con la colaboración plena del ejército, la policía y, sino toda, gran parte de la población civil.

Se esgrimió el fanatismo religioso (siendo su aliada, Alemania, de religión protestante) para encubrir las razones geopolíticas y económicas. La matanza de los extranjeros ocupa un lugar importante en la historia de Turquía: entre 1820 y 1890 los turcos masacraron a 93.000 personas, entre armenios, griegos y búlgaros; en 1816, miles de sirios cristianos. Entre 1894 y 1896 mataron 300.000 armenios en Armenia occidental y Cilicia; en 1909, 30.000 armenios en Adana, no sólo cristianos, también árabes, sirios, libaneses y kurdos fueron víctimas de su furia asesina.

El Estado turco, a través de su gobierno, soluciono ferozmente la Cuestión Armenia. Aniquilando y deportando a los armenios consideró que quedaba superado el obstáculo que impedía la cristalización del sueño panturánico.

De las matanzas cometidas en la Primera Guerra Mundial en distintos puntos de la tierra, ninguna puede ser comparada con esta tragedia. Tanto por la cantidad de víctimas en proporción a la población mundial de armenios, como por habérseles usurpado el territorio nacional propio, como por los medios utilizados, el genocidio de los armenios es, en la historia de las masacres, el más monstruoso.

La solución alcanzada por el Estado turco es, empero, transitoria. Los gobiernos turcos tienen una alternativa: sentarse a la mesa de negociaciones y tratar de perder lo menos posible o negarse al diálogo. En este último caso, el pueblo armenio -a través de 5.000 años de vida- tiene experiencia en esperar su hora conveniente y oportuna. El Estado turco pretendió que Armenia no viviera, y fracasó. Armenia vive y crece.

Armenia Soviética

La revolución rusa de 1917 trajo aparejado un gran desorden político en el imperio, lo cual fue aprovechado por los armenios para declarar su independencia el 28 de mayo de 1918.

En los dos años siguientes, la República de Armenia comenzó a sentar la base de un Estado nacional. El resurgimiento del nacionalismo turco provocó una guerra entre Turquía y Armenia, en la que esta última fue derrotada (1920). En diciembre de ese año, tras nuevas pérdidas territoriales, Armenia fue sovietizada.

A fines de 1980, el malestar popular puso de manifiesto el deseo por la independencia de Armenia. 

A partir de 1988, los armenios reclaman la anexión de Karabagh. La región de Nagorno Karabagh, territorio que pertenece histórica y legítimamente a Armenia, fue entregada a Azerbaiján por Stalin en la época soviética como región autónoma. Dicha región, con una población mayoritariamente armenia (80%), fue víctima hasta el año 1988 de brutales persecuciones por parte del gobierno azerí, junto a la indiferencia del Kremlin.

Las reformas aplicadas por el último primer secretario del partido comunista de la URSS Mijail Gorbachov, que proponían la reconstrucción del sistema económico y la libre expresión social, impulsaron al pueblo de Karabagh a pedir pacíficamente la anexión a Armenia. El gobierno azerí reaccionó con matanzas, mutilando, violando y quemando a cientos de armenios residentes en Azerbaiján. Ante la continuidad de la indiferencia rusa, el pueblo de Karabagh se levantó en armas para defender sus territorios y sus derechos de las hostilidades azeríes. En 1989 el Soviet Supremo de Armenia, lo declaró parte integrante de Armenia, lo que generó la guerra por la autonomía de la región de Nagorno Karabagh.

El 21 de septiembre de 1991 los ciudadanos armenios votaron a favor de la independencia de Armenia y el 23 del mismo mes se declaró a Armenia Estado soberano e independiente. Levón Ter-Petrosian fue elegido presidente de la nueva república que en 1992 entró en las Naciones Unidas.

Desde los años posteriores a la independencia, Armenia ha sufrido un bloqueo económico por parte de Azerbaijan por la disputada región de Nagorno Karabagh. Pese a esto, ha seguido su camino hacia el crecimiento económico.

En septiembre de 1996, se celebraron elecciones presidenciales en Armenia, en las que nuevamente se impuso Levón Ter-Petrosian.

En febrero de 1998, Ter-Petrosian renunció a su cargo debido a presiones políticas internas. Se celebraron elecciones presidenciales extraordinarias en marzo de 1998, en las que triunfó Robert Kocharian.


Volver